Cuando alguien es un patoso en la cocina se dice que no sabe ni freir un huevo. Pero esta acción está demasiado subestimada. No sólo es difícil que un huevo no se parta en la sartén o al sacarlo, sino que también hay que echarlo al aceite con la temperatura adecuada y con cuidado de no quemarnos las cejas.
Para elaborar un buen huevo frito se debe calentar abundante aceite de oliva (ni tanto como para freir patatas ni tan poco como para hacer una tortilla a la francesa) lo justo para que el huevo no se pegue al interior de la sartén.
Se debe esperar a que el aceite esté bien caliente, para que el huevo se haga rápido por fuera y se cuaje la clara, pero que la yema quede líquida, aunque cocinada. Imprescindible no lavar la cáscara del huevo, ya que su porosidad hace que cuelquier bacteria penetre en su interior (y esto vale para cualquier receta que lleve huevo).
Para que la superficie de la yema se selle, es importante echar aceite sobre ella con la paleta. Podemos esperar a que a la clara le salgan puntillas (ese crujiente de color marrón) o dejarla blanquita y lisa.
Cuando nuestro huevo esté listo, sacarlo con una paleta antiadherente y no tardar mucho en echarlo en el plato, ya que se puede quedar pegado. Y después de esto, ya podemos mojar pan.
Aunque unos huevos fritos con patatas están deliciosos, aquí os dejo algunas maneras diferentes de tomar huevos fritos:
Huevos fritos con láminas de ajo crujientes
Huevos fritos con cebolleta caramelizada y unas gotas de vinagre
Huevos fritos con unas gotas de tabasco y ensalada de col
Huevos fritos con daditos de jamón cocido a la plancha
Huevos fritos envueltos en hojaldre (ya os daré la receta en otro post)
Bon apetit!