A veces cuando salimos de tapas o invitamos a alguien especial a cenar, nos gustaría tomar una buena copa de vino, pero por desconocimiento o por vergüenza a preguntar al camarero para no quedar mal en público nos limitamos a pedir siempre cerveza o tinto con casera.
Con estas sencillas reglas ya no habrá ningún obstáculo para poder elegir bien el vino, por muchas botellas o barriles que tenga el establecimiento.
Si váis a la típica bodeguita con varios barriles de vino donde se puede leer "manzanilla, oloroso, dulce..." vinos que siempre habéis querido probar pero no os atrevéis, debéis tener en cuenta lo siguiente:
-El vino dulce no es nada fuerte y podéis tomarlo solo o acompañado de un queso suave. Si pedís jamón no os lo aconsejo, porque desvirtúa su sabor.
-El solera y el oloroso siguen siendo dulces, pero menos y con algo más de agarre. Este es ideal para tomarlo con tapitas, no solo.
-El "palo cortao" es un vino "engañoso", ya que su aroma es dulce (al igual que el regusto que deja al final) pero este dulzor es más que un sabor, un recuerdo que se queda grabado en la pituitaria, porque en realidad es un vino un tanto áspero. No os aconsejo que os toméis "a palo seco" el "palo cortao" si no estáis acostumbrados a beber vino.
-Manzanilla y vino fino. Ideales para tomar casi con cualquier cosa, sobre todo con las gambitas, los langostinos y las chacinas. Eso sí, ha de estar muy fresquito.
Si por el contrario váis a un bar o restaurante donde el vino lo tengan embotellado, os doy unas pistas sobre tipos y marcas:
-Si os gusta el tinto, mi recomendación es un Rioja suave pero con cuerpo, como puede ser el Marqués de Arienzo, el Gonzalo de Berceo, Montecillo... Todos asequibles y muy ricos. También algún Ribera de Duero, como Páramo de Guzmán.
-Si os gusta un blanco, hay vida más allá del Fragata (muy rico también, claro, pero un poco dulzón para mi gusto). Os recomiendo el Marqués de Eliche o Señorío de Eliche en caso de que no os guste el vino blanco seco.
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