El lugar es muy acogedor, amplio salon muy bien decorado que guarda hasta el más mínimo de los detalles.
El servicio muy espontáneo. Gente joven a los que les sobran ganas de agradar y de hacer sentir como en casa a sus clientes.
Cocina tradicional con toques creativos y diferentes a los de un restaurante común. Sugerencias fueras de carta diarias. La corvina que comí estaba espectacular
El precio lo vale. 27 euros por persona con vino no me parece para nada excesivo.
La bodega me resultó buena para mis apetencias. No soy muy exigente. Me dejé aconsejar y el vino blanco que me ofrecieron estaba mejor que bueno.
SIN DUDA VOLVERÉ